eldiario.es, 13/05/2014, por José Fernando-Albertos. Una de las cosas que más llaman la atención al analizar los efectos que la actual crisis económica está teniendo en España en comparación con el resto de sociedades europeas es la relativa ausencia de conflicto político en torno a la inmigración en nuestro país. Con algunas excepciones muy menores, el discurso contra la inmigración está prácticamente ausente en las contiendas electorales. Y no es (sólo) mérito de los partidos. Es la propia sociedad la que, tanto en época de bonanza como en crisis, no ha visto la inmigración como un problema o, en todo caso, de una dimensión mucho menor que en la mayoría de nuestros vecinos europeos. En el último Eurobarómetro publicado, la inmigración es vista como uno de los dos principales problemas del país para un 25% de los británicos, un 21% de los daneses, y un 19% de los alemanes (un 13% para el conjunto de ciudadanos de la UE). En España, la inmigración es uno de los dos principales problemas sólo para el 6% de los encuestados. Basta pasearse por el Reino Unido, Italia, Francia u Holanda para escuchar, tanto en la calle como en las campañas de algunos partidos políticos, discursos y proclamas contrarias a la inmigración que aquí, en un contexto económico objetivamente mucho más duro, resultarían casi inconcebibles.
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