El laberinto de la explotación laboral china
3 de noviembre de 2016 | Temas: Mujer | Trata

El País, 03/11/2016. La habitación de Mimi huele a aceite de bebé y está iluminada con una luz rosa. En la repisa tiene un rollo de papel tamaño industrial que extiende sobre la camilla y un par de toallas que reutiliza con cada cliente: unos cinco al día. Los 15 euros del masaje son para su jefa; ella se queda con la propina de lo que pueda venir luego: entre 10 y 20 euros, dependiendo de cómo lo haga. Le da pánico que le peguen algo, explica en un precario español mientras recorre con un vestido negro el largo pasillo con habitaciones a un lado y otro. Trabaja en uno de los más de 100 salones de masaje chinos con final sexual que hay Barcelona, según los Mossos d’Esquadra. Hay tantos, que empiezan a ser una atracción turística. El suyo está cerca de Sants y en el escaparate ofrece estilismo de uñas y peluquería. No le gusta, desliza, pero ahora tiene contrato y un horario de trabajo. Y el camino hasta aquí ha sido muy largo. Leer más

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